Después de leer los ensayos “Dos mitos de la mexicanidad”, de Guillermo Hurtado; “El complejo de inferioridad”, de Samuel Ramos y “El laberinto de la soledad”, de Octavio Paz, no puedo evitar sentir que ya esta dicho casi todo acerca de lo que es el mexicano. Sin embargo intentaré desarrollar brevemente algunas ideas que surgieron a raíz de dichas lecturas. Creo que si quisiéramos hacer un estudio del mexicano, tendríamos primero que todo establecer las diversas etapas históricas, empezando desde el hombre prehispánico y así poco a poco ir aproximándonos al hombre moderno. Dividir primero el estudio en grandes etapas y luego quizás un estudio generacional más específico. Porque hacerlo tomando como base al mexicano actual, sería como escribir sobre la arena; sin embargo, un estudio profundo fundamentado en el pasado, nos permitiría incluso proyectar una imagen del mexicano del futuro, esto es, hacia donde nos dirigimos, que medidas se pueden tomar y que podemos esperar de nuestro pueblo. Sin embargo, no me parece que éste estudio, para cualquiera que se lance a realizarlo, vaya a ser tarea fácil, ya que primero tendría que zambullirse dentro de ese río tan revuelto que según pude percibir de los tres ensayos, es y ha sido la filosofía mexicana. Pero de cualquier modo, quien lo haga, no creo que llegue a una conclusión definida de lo que el mexicano es ontológicamente, simplemente arrojaría un esbozo psicológico. En lo personal, no puedo imaginar que en mi cerebro existan traumas y residuos de un grupo españoles que doblegaron a un grupo de indígenas hace cientos de años y a casi dos mil kilómetros de distancia de donde nací. ¿Qué es toda esta tontería de querer explicar la ontología del mexicano, o siquiera su personalidad? Baste entender que la esencia humana es la misma sin importar nacionalidades, no creo que yo fuera una persona muy diferente si hubiera nacido en Islandia o en Noruega, comería cosas diferentes, usaría distinto leguaje y tal vez luciría distinta, pero la esencia sería la misma, ya que mi ser no esta determinado por el lugar geográfico donde me crié, sino por mi propia historia personal. Sin embargo, algo que no podemos negar es que en nuestras venas corre sangre tanto indígena como española, supongamos que en un porcentaje de cincuenta y cincuenta, en este caso si puedo creer que muchas de las características de nuestro cerebro y nuestro carácter hayan sido heredadas de los dos bandos, esto no es una cuestión filosófica, sino genética. Tal vez (y sólo tal vez) los genes dominantes en la mayoría de los casos fueron los de los indígenas, quienes fueron conquistados tal vez no por azar, sino por cuestión racial, en este caso si puedo creer que en mi cerebro existan diferencias marcadas si lo comparamos con uno de raza aria por ejemplo, o sea que en todo caso, sería una cuestión genética más que filosófica. Pero si a esto de la genética, agregamos el lavado de cerebro que a lo largo del tiempo nos han hecho debido a la historia que nos han contado en las escuelas (públicas y privadas), pues entonces si estamos en un hoyo profundo y seguimos cavando. Esto puede ser producto de un control sistematizado ¿por qué nos hicieron creer que somos un pueblo conquistado y no conquistador? ¿por qué no ser un hijo del chingador y no uno de la chingada? Yo me niego a aceptar que al mexicano nos pongan esas etiquetas que tanto daño nos han hecho. Concuerdo con Hurtado en su crítica a Zea, y pienso, al igual que él, que le hizo un daño enorme a la política y pensamiento mexicano, pero de éste tema hablaré más adelante. Octavio Paz habla de La Malinche como si hubiera sido forzada a relacionarse con Cortés y además generaliza, no dudo que hubo infinidad de violaciones sexuales pero, ¿no es así en todas las guerras? Después de varios meses a bordo de un barco en el océano que esperaban ¿flores y chocolates? Era lo obvio, pero a lo largo de la historia nos han hecho sentir como un pueblo obligado, “chingado”; no cómo un pueblo producto de ciertas circunstancias históricas que no tendríamos que seguir tomando como personales. Después de todo la Malinche no fue mi madre, ni siquiera esta dentro de mi árbol genealógico, si fue “chingada” o no (que de hecho creo que no), realmente es algo que no me importa. Por otra parte, Gaos pretendía que el destino de la filosofía en México estuviera en manos del grupo Hiperión, pero estaba equivocado. La filosofía en México debería estar en manos de sus habitantes que en su gran mayoría no tiene la costumbre de leer, por lo que su vocabulario se reduce a las palabras de uso cotidiano, que además muchas veces están mal empleadas. El mundo del mexicano está desconceptualizado ¿cómo podría un pueblo tener una filosofía propia si no puede expresar sus ideas? O Mejor dicho, no puede generar ideas porque su vocabulario lo tiene atrapado en el mundo de lo cotidiano, sin dejarlo elevarse al mundo filosófico. Los pueblos hacedores de grandes filósofos, como Alemania y Francia, como ejemplo, son pueblos con una gran afición a la lectura casi desde la cuna; contrario a lo que sucede en México, donde existen personas que terminan sus carreras universitarias y ni siquiera han leído un libro completo (verídicamente). Con estos antecedentes, nos ofendemos cuando leemos a Samuel Ramos hablar del complejo de inferioridad del mexicano y decimos “es cierto, nos sentimos inferiores” ¿no será más bien que lo somos? Porque ¿cómo podríamos estar a la altura de un pueblo generador de ideas y de filosofía? ¿no es superior aquél ser humano que a través del razonamiento logra elevarse por encima de su propia humanidad? Entonces, tal complejo de inferioridad del que nos habla Ramos, existe porque tiene bases fundamentadas, vaya, ni siquiera es un complejo, es algo real de lo cual nos desharemos sólo cuando la luz del entendimiento brille en la mente individual de las masas a través de la conceptualización abstracta del mundo. Sólo así la verdadera esencia del mexicano saldrá a la luz. Todos los demás intentos por descifrar esta esencia son y seguirán siendo verdaderamente infructuosos. Es como tratar de especular sobre el talento de un grupo de ballet a cuyos integrantes tenemos atados de pies y manos ¿no sería más sencillo sólo desatarlos y dejar que expresen su arte? La filosofía no tiene porque, ni debería estar reservada a un grupo privilegiado, debe extenderse hacia las masas, porque lo mejor que le puede pasar a un ser humano es abrirse al razonamiento. En mucho concuerdo con Guillermo Hurtado en su ensayo “Dos mitos de la mexicanidad”, sobre todo en su crítica que hace a la tesis de Leopoldo Zea de que la revolución mexicana sacó a flote al verdadero mexicano, ya que si bien, como lo dice Hurtado, ese período liberó a los mexicanos de yugos específicos en cuestiones económicas, políticas y culturales, es falso que a raíz de eso los mexicanos hayan por fin sacado su verdadero yo. Además creo que es muy pretencioso por parte de Zea decir que la revolución mexicana benefició no sólo al mexicano, sino a toda la humanidad, más que pretencioso a mí me parece risible, ¿quién fue Zea en la historia? ¿Un instrumento más del sistema político en el poder? Yo creo (al igual que Hurtado) que sí. Además me parece ofensivo hacia otros pueblos, como el judío y muchos otros, que han pasado etapas verdaderamente difíciles, aún más que los mexicanos, el que Zea se haya atrevido a decir que el mexicano es el que mejor preparado esta para enfrentar la era atómica”, ¿qué diantre somos para Zea? Una especie de insectos súper desarrollados que sobrevivirán a todo porque atravesaron por una lucha armada. ¿una clase de cucarachas pensantes? Sin embargo a pesar de todo, creo que el futuro del ser humano, y por lo tanto del mexicano, es evolucionar hacia una cultura universal homogénea, en la que se le dará mayor importancia a la persona como tal y no como integrante de una nación, en la que cada individuo podrá ser, sin que caiga sobre él, el estigma del grupo social al que pertenece. Por supuesto que esto es algo ideológico que tal vez nunca ocurra pero me gusta imaginar una sociedad así, tan diferente de lo real. Tal vez esto sucederá cuando la Identidad ¹ relidad, tal vez nadie podrá expresarlo mejor que Antonio Machado cuando dijo: “Lo otro no existe: tal es la fe racional, la incurable creencia de la razón humana. Identidad=realidad, como si, a fin de cuentas, todo hubiera de ser, absoluta y necesariamente, uno y lo mismo. Pero lo otro no se deja eliminar; subsiste, persiste; es el hueso duro de roer en que la razón se deja los dientes. Abel Martín, con fe poética, no menos humana que la fe racional, creía en lo otro, en “La esencial Heterogeneidad del ser”, como si dijéramos en la incurable otredad que padece lo uno.”. Y sólo tal vez nadie podrá entenderlo como lo entendió Octavio Paz. En mi caso, yo prefiero creer en esta incurable otredad que menciona Abel Martín, que terminará por vencer a lo uno. Esto sería una evolución verdadera del ser humano a otro nivel psicológico; o lo que Samuel Ramos llamó el nuevo humanismo, que sobrepusiera al espíritu por encima de lo técnico. P. Altamirano Ogaz.
Agosto de 2007
Sí, has dado con tres grandes autores. Y aunque la agudeza hermenéutica de Paz, la minuciosa psicología de Ramos y el riguroso análisis filosófico de Hurtado esclarecen bastante el tema; creo que tu cuadro acerca del mexicano queda incompleto si dejas de lado el genial y olvidado “Análisis del ser del mexicano” de Emilio Uranga, el más grande discípulo de Gaos y Zea. Saludos, me gustó tu blog.
Por: Roberto Cruz el Noviembre 27, 2008
a las 5:05 pm