Posteado por: Paola Isabel Altamirano Ogaz | Septiembre 11, 2007

La playa

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Era una noche hermosa, alumbrada por la luz de la luna llena, había mucha gente en aquella extraña playa del mediterráneo, todos estaban en el agua, deslizándose como en tablas de surf cuando vas entrando al mar, sólo que realmente no usaban nada, sólo sus cuerpos, yo me uní a ellos y estuve jugando un rato, luego me adentré a la mar y encontré a muchos de ellos sentados en un peculiar banco de arena en forma de hilera, que estaba a mitad del océano, me senté en un espacio que había libre y estuve platicando no sé que cosas con uno de ellos del que no puedo recordar su rostro, aunque estoy segura que lo vi, de pronto le dije que me tenía que ir y volví a lanzarme al agua, deslizándome sobre mi dorso hacia tierra firme, en el trayecto vi que yo no era la única, a cada uno de mis costados había gente casi hasta la línea del horizonte, muchísima gente deslizándose también hacia tierra firme. Cuando por fin llegué, caminé sobre la arena y casi al instante llegué a la casa de una tía política que hace mucho que no veo, otras personas conocidas iban llegando también, yo estaba tan cansada que entré a una de las muchas recámaras que había, alguien hizo notar que era la recámara de servicio, yo le dije que no me importaba, que sólo necesitaba dormir, luego detrás mío mi tía política apareció picandome las costillas y dándome un abrazo, luego me mostró tres monedas de diez pesos, y me dijo ¡Soy tu madrina! al principio pensé que me las quería dar, pero en realidad me pidió dinero para darle a una enfermera porque era su día, le dí diez pesos y me quedé dormida.


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