Posteado por: Paola Isabel Altamirano Ogaz | Noviembre 21, 2007

Cañón del Cobre (Parte 1) “La ida”

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El viaje inició cuando el tren arrancó un poco después de las siete, era una mañana fría, sin embargo me parece que nuestro frío era más bien psicológico, todas esperábamos que al ir adentrándonos a la Sierra Tarahumara, la temperatura iría en descenso y temíamos no llevar lo suficiente para enfrentarlo. Para mi no era la primera vez que viajaba por el CHEPE, y aunque la emoción y sensaciones que sentí no se comparan con las de mi primer viaje, me alegra saber que me sentía como una niña y sólo me faltaba brincar de emoción.

 El tren de clase económica, como su nombre lo deja ver, no implica ningún lujo, de hecho los vagones son un poco fríos, aunque no demasiado, tiene un vagón destinado para comedor bastante modesto: no tiene asientos (sólo mesas altas en los que tienes que ir de pie), ni mucha variedad de alimentos, además está lo suficientemente frío como para no desear estar ahí. El viaje hasta “El Divisadero” me pareció bastante largo (casi siete horas) sin embargo al llegar y ver el imponente “Cañón del Cobre”, el cual es cuatro veces más grande que el Gran Cañón formado, el tiempo invertido me pareció un sacrificio insignificante. 

Los quince minutos que estuvimos ahí, los utilizamos observando el Cañón y recorriendo el pasillo de puestos de souvenirs y de comida, donde por cierto comimos una deliciosa gordita de carne, que horas más tarde me caería mal. Luego de esto, el tren dio el pitido de partida y nos subimos, momentos después, estábamos bajándonos en la estación cercana a nuestro hotel, ”El Castillo” o “Mansión Tarahumara”.


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