Posteado por: Paola Isabel Altamirano Ogaz | Octubre 21, 2008

Paranoia -p19diez08

Hoy lo vi de nuevo, si no fuera porque me considero a mi misma un tanto paranoica, y razono en torno a ello, diría que ese loco me esta siguiendo. Lo observo con precaución, al recordar el incidente de la parada de autobuses, y veo que esta vez no lleva ningún objeto en sus manos, aún así guardo mi distancia y cruzo la calle para no pasar junto de él, podría jurar que él adivinó mi estrategia, porque en ese momento también cruzó, acelerando su paso; entré en estado de pánico y salí corriendo, odio reaccionar así, me parece lo más instintivo, y por ende poco racional, es lo que nos queda de nuestra herencia genética de cavernícolas, y así me sentí, como una mujer cavernícola atravezando la avenida sin tener en cuenta el peligro que representaban los automoviles; de improviso sentí un golpe en la cadera que me lanzó como a un metro de distancia, afortunadamente el conductor del vehículo alcanzó a frenar y al final no pasó de un enorme susto y un moretón negro en casi todo el muslo derecho; Ahí tirada en el pavimento me sentí más rídicula que nunca, mire hacia los lados para ver si ese maldito loco seguía por ahí pero había desaparecido.  El conductor del auto, un hombre de un poco mas de treinta, de mediana estatura y cabello castaño claro se acercó a mi al borde de una crisis nerviosa, le aclaré que estaba bien, pero insistió en llevarme a un hospital para asegurarse. Acepté más por salir de ese redondel de personas que se había formado en torno mío que por cualquier otra cosa, además algo en el rostro de ese hombre me producía una sensación de confianza y seguridad, y su acento, como del sureste de España, terminó por convencerme. En el auto empezamos a platicar, dijo llamarse Carles, era de Cataluña pero tenía tiempo radicando en Chihuahua, básicamente en la Sierra Tarahumara, donde realizaba una investigación de tipo sociológica, pero de vez en cuando venía a la ciudad para visitar a unos amigos y distraerse un poco. Ibamos llegando a la Clínica Christus Muguerza, cuando le dije que realmente no era necesaria una revisión médica, ya que sólo era el golpe, a regañadientes aceptó mi argumento, me preguntó que si me tomaba un café con él para charlar un rato, a lo que accedí encantada, fuimos al ”Kaldi” un café cercano, sobre el Paseo Bolívar,  donde estuvimos fumando, bebiendo café y charlando hasta que cerraron, a eso de la una de la madrugada.


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