En la historia de la humanidad, la única constante ha sido sin lugar a dudas la lucha por el poder, esa eterna y absurda ambición por querer dominar a otros, estar por encima de todos. No puedo evitar que venga a mi mente la primera escena de la película de Stanley Kubrick, “2001, Odisea del Espacio”, donde vemos a unos seres humanos poco evolucionados, con mucho pelo aún en sus cuerpos, escondidos dentro de una cueva, el terror se ve en sus ojos que apenas si dejan asomarse un brillo de inteligencia, después de esto se desata una pelea “a mano limpia” entre dos de estos seres, pero de repente a uno de ellos se le ocurre usar un hueso que estaba cerca para dominar al otro, tener más poder, y lo hace, de un solo golpe seco y brutal, le destroza el cráneo al otro infortunado, después de esto, lanza el hueso hacia arriba, festejando su triunfo y supremacía sobre los demás; el hueso lanzado de pronto se convierte en una nave espacial que va flotando por el espacio exterior.
Con esta simple escena, Kubrick expone en la forma mas simple, y por ello más genial, la historia del ser humano, su afán de conquistar ¿qué? cualquier cosa, dependiendo del entorno de cada quien; todos, sin excepción ejercemos poder sobre algo o alguien, sólo que no todos tenemos la oportunidad, capacidad, inteligencia y carisma para ejercerlo masivamente, no todos podemos ser Napoleón, Nerón, Hitler, Juan Pablo II, César Borgia, por mencionar sólo algunos, y gracias a Dios o a quien tengamos que dar gracias que no es así, ya que el mundo probablemente se hubiera colapsado hace ya algunos siglos.
En el caso de América, a mi lo que realmente me tiene sorprendida es que los europeos hayan tardado tanto tiempo en iniciar primero, la exploración y luego la conquista. Yo supongo que era tal la ambición por conquistar territorios y dominar a los enemigos en el viejo continente, que adormecieron por un tiempo su instinto humano por la exploración y conquista de territorios vírgenes y libres de disputa. Si las guerras por el poder en Europa hubiesen durado un siglo más, y aunque suene risible, no me sorprendería que hubieran sido los aztecas, chichimecas o cualquier otro pueblo el que se hubiese hecho a la mar y llegado a la Península Ibérica o a Gran Bretaña a tratar de conquistar a los europeos. Bueno, esto suena bastante descabellado, pero si lo pensamos mas detenidamente no lo es (por lo menos no tanto), tan humanos fueron los pueblos nativos de América, como los europeos de aquel entonces, el instinto era y es el mismo.
La historia nos ha enseñado que los huecos en el poder no pueden existir, ya que, como dije anteriormente la naturaleza, la esencia misma del hombre (ser humano) tiende al liderazgo, siempre que en una cadena de poder exista un eslabón débil, este será sustituido por otro más fuerte, que con el tiempo a su vez se hará débil también y será cambiado por otro, y así sucesivamente hasta que el mundo se acabe, y bueno tal vez cuando por fin esto pase, ya tendremos otro huésped al cual agotar.
Pero volviendo a la absurda idea de la conquista de Europa, por indios americanos (cualquier tribu) ¿Cuánto tiempo les hubiera tomado darse cuenta que había otro mundo más allá del mar, tal vez no demasiado, tal vez aunque lo hubieran descubierto jamás se hubieran aventurado a la conquista de otro pueblo más allá del límite continental, tal vez toda esta cuestión religiosa de sus Dioses e ídolos no les permitía sentirse superiores a otros seres humanos, siempre agachando la cabeza para no enfadar a estos seres mitológicos que adoraban.
En resumen creo que la barrera era infranqueable, ya que no estaba en el mundo material, sino en el psicológico. Barrera que aún en estos tiempos seguimos observando en buena parte de la población (me incluyo en algunos casos) y en todas las áreas: política, futbol, académica, cultural, artística, etc.; tendemos a creer que lo extranjero, por la simple condición de serlo, tiende que ser mejor, y en muchos casos lo es precisamente por nuestras creencias, y sin darnos cuenta estamos dentro de un círculo vicioso que ha durado más de quinientos años.
Desde mi punto de vista, la historia, no sólo de México, sino del mundo entero, habría sido muy distinta, sin la influencia (sin atreverme a juzgarla buena o mala) de un solo hombre: Napoleón Bonaparte; este hombre, genio auténtico de las tácticas de guerra, que fue el único capaz de menguar las fuerzas musulmanas que para ese entonces ya asolaban algunas partes de Europa del este y Norte de África. Su lucha contra estas fuerzas comenzó con su expedición en 1798 a Egipto, que dejó sensiblemente dañadas las fuerzas otomanas, dejándolas mutiladas para la conquista inminente a toda Europa occidental y por consiguiente a América. Sin este hecho, tal vez nos hubiéramos ahorrado muchas guerras que se dieron por cuestiones ideológicas porque el mundo entero sería musulman, aunque no imagino a los radicales moros tratando de “evangelizar” por decirlo de alguna manera, a los pobladores (indios, criollos y mestizos por igual) de América, quizás el destino que hubieran tenido sería la espada o la esclavitud, que por ese entonces, aunque común todavía en Nueva España, no era practicada como tal.
Pero en fin, alejándonos de todas las fantasías anteriores, para bien o para mal a nuestro territorio llegaron, por azares del destino, fuerzas españolas y por supuesto no hubo ninguna otra nación que les arrebatara el poder a los españoles (Francia invadió la ya conformada república), dando con esto, inicio a una historia política única en Latinoamérica, una historia que si bien, tiene capítulos dolorosos y vergonzosos como “La Santa Inquisición”, la esclavitud, la desigualdad social insuperable, entre muchísimos otros, debemos estar orgullosos de ella, orgullosos de nuestra raza mestiza, la que atinadamente José Vasconcelos denominó “la raza cósmica” en su libro del mismo nombre. En lo personal yo me siento orgullosa de llevar en mis venas sangre mestiza, sangre cósmica, y estoy confiada en el futuro que nos espera como pueblo, sí es que somos lo suficientemente humildes para aprender de los errores que se cometieron en el pasado; lo suficientemente inteligentes cambiar nuestra forma de pensar y creernos justo lo que somos, un pueblo capaz de liderazgo mundial en todos los aspectos.
P. Altamirano Ogaz